Guionista, productora, investigadora y directora. Marcia Paradiso aplicó todos sus conocimientos en la realización del documental Lunas Cautivas. Y mal no le fue. Acaba de ganar el primer premio en la categoría documentales nacionales en el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires con esa obra, que retrata la actividad de un grupo de mujeres, Majo, Lidia y Liliana, que escriben hermosas poesías mientras cumplen sus penas en la cárcel de Ezeiza. “Me interesa contar un poco el punto de vista del otro, cómo ven los otros lo que estan viviendo, no sólo cómo lo veo yo” explica, despojada de toda soberbia, en una charla con Cine Vivo.
Para realizar esta cinta, Paradiso estableció un vínculo con el taller de poesía de la Unidad Penitenciaria de Mujeres Nº 31 de Ezeiza, coordinado por dos poetas de la ONG ‘Yo no fui’, María Medrano y Claudia Prado.
¿Cómo nació la idea de hacer “Lunas Cautivas”?
Había leido un libro, ‘La palabra amenazada’, de Ivonne Bordelois, y al día siguiente veo una noticia sobre un taller de poesía en una cárcel en Rosario y lo relacioné, o sea relacioné lo que estaba leyendo con lo que había salido publicado. Por un lado la palabra denigrada, la palabra amenazada en un espacio, entre comillas, de libertad, como puede ser un medio masivo de comunicación, y por otro lado en un espacio de encierro estar escribiendo poesía. A mi me pareció una contradicción fabulosa ¿no? Cómo se plantea esto, donde podría haber un discurso creativo hay un discurso denigrado, y donde hay un discurso que muchos sólo lo asocian con el discurso tumbero, con la cultura tumbera, están escribiendo poesía.
Había datos objetivos, estadísticos de qué pasaba en esta época con las mujeres, por qué había crecido tanto la población femenina, me parecían datos que no podían llegar ni a una identificación ni a una comprensión, en cambio sí las historias en primera persona.
¿Las protagonistas aceptaron enseguida la propuesta de ser filmadas para el documental? ¿Qué sensaciones tuvieron? ¿Hubo miedos?
En realidad fue algo muy paulatino, porque en un primer momento, de entrada, yo les comenté antes quién era yo, qué era lo que yo hacía y cuál era mi intención. Todo fue llevando bastante tiempo. Ellas ya publicaban sus poesías, tenían una revista, publicaron libros para ellas. Es importante que se visibilice que si bien podía haber algo de timidez o en algún caso por ahí alguna decidiera que no quería participar, en realidad todas estaban interesadas. En ciertos casos por una cuestión de entender que lo importante es que sus historias se conocieran, y en otros porque estaban orgullosas de lo que hacían durante el taller.
¿Tuviste algún obstáculo cuando encaraste el rodaje?
Había unos cuantos obstáculos en el sentido que es una unidad penitenciaria federal, entonces había restricciones en cuanto al tiempo y al espacio, eran pocas las jornadas en que podíamos hacer registros. Tenías que contar con autorizaciones de ellas mismas, del juzgado, del servicio penitenciario. Los horarios eran estríctamente los del taller. Terminaba el taller y terminaba la filmación, y nos teníamos que ir. En general en el cine uno tiene otros tiempos, otras posibilidades de estar como en otra búsqueda. Eso no estaba disponible, así que era muy así como acelerado.
¿Con respecto al montaje, te costó armarlo, sabías que iban a ser ellas tres las protagonistas, como fue la construcción de los testimonios?
Yo en principio tenía ya la idea de los personajes, tenía practicamente la idea de la estructura, y a medida que íbamos rodando fue apareciendo esa estructura. Por un lado me gustaba la historia coral, veía que el taller eran todas, pero era necesario focalizar, porque eran muchos personajes. El espacio era fijo, el tiempo era móvil y ellas eran las que lo recorrían. Si bien esa estructura yo la tenía clara desde un comienzo, grabamos muchísimas horas, y llegamos al hecho de no tener entrevistas y que todo se narrara a partir de estos diálogos, de estas reflexiones, y la poesía generó un gran nivel de dificultad en el montaje. Poder hilar respetando esa dinámica del taller, que tuviera esa fluidez, fue bastante complejo.
Paradiso, quien es Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y graduada en Realización Cinematográfica en el Instituto de Arte Cinematográfica de Avellaneda, se especializó en cine documental etnográfico y social y, entre sus obras, se destacan los documentales «Latidos” (2002), «El camino de los abuelos» (1996), «Indios en Buenos Aires» (1992) y «Damiana Vega» (1982), que cosecharon múltiples premios.
De respuestas pausadas y muy seguras, esta documentalista, que además es docente, se presta al diálogo mientras ceba mate y observa a su gato. Se la nota una persona simple, familiera y muy apasionada por lo que hace.
¿Cómo te descubrite como directora, cómo fue tu camino?
El tema documental siempre me interesó mucho y sobre todo la idea de retratar esas historias de vida que son atravesadas por situaciones muy complejas, poder humanizarlas. Yo creo que desde mi formación, desde la docencia y mi práctica, creo mucho en el proceso de investigación, pero no en la investigación en un sentido de lo cuantitativo sino de lo cualitativo. Creo que si yo no hubiera participado de la manera en que participé en el taller, y no hubiera estado tan involucrada dentro de la historia, hubiera sido imposible poder contarla.
Lo que pienso que es muy importante es el tema de la investigación y del lapso, me parece que el lenguaje fílmico tiene que hablar de un tiempo que exceda el contacto, uno puede ir y ver una realidad, pero si no convive de alguna manera, si no tiene un grado de acercamiento y de poder compartir, es muy difícil que después lo pueda narrar. Puede uno tener documentales donde lo que hay son puntos de vista personales, pero a mí me interesa más cuando uno puede contar un poco el punto de vista del otro, cómo ven los otros lo que estan viviendo, no sólo cómo lo veo yo.
¿Cómo analizás ese contraste entre estar en el encierro y la posibilidad de realizar estas actividades culturales, escribir poemas, aprender fotografía?
Hay que salir del estereotipo de la cultura tumbera.. Hay una ideología de pensar el prójimo como otro, en el cual uno no se puede identificar, que lleva a estigmatizar todo en la cultura tumbera. Mucha gente se sorprende de la capacidad que tienen de escritura. Pienso que es porque uno lo está contrastando con esa otra imagen que es muy estigmatizada.
Muchas veces yo le comentaba a la gente que estábamos haciendo este documental y me preguntaban ‘¿por qué están presas?’ Como que siempre aparece la causa penal. Les importa más eso. Está trabajado así en los medios de comunicación.
Muchas veces, en los programas de televisión que enfocan este tipo de temáticas, lo trabajan desde ese lugar amarillo, de morbo, de pensar en el otro como una causa penal y no pensar en el otro como una persona que tiene un montón de capacidades y una historia. Esa forma de representarlo es una manera más de segregar. Una manera también de distanciarte, de desvalorizar, y me parece que ellas están demostrando en el documental cómo son realmente.
¿Qué expectativas tenés ahora con Lunas Cautivas, que ya se está difundiendo, que ganó en el festival?
Yo lo que espero es poder encontrar espacios de difusión, que lo veo bastante complejo, no solamente para este documental sino para todos. Por un lado hay una lógica de lo que es el mercado cinematográfico, donde los documentales tienen muy poco espacio. Por eso mismo, porque buscan esta lógica de mercado donde si no tiene taquilla la película no tiene espacio. Yo pienso que tenemos que gestionar un espacio permanente del cine documental. Yo noto que cada vez hay más avidez en el público en ver documentales con respecto a décadas pasadas.
También acercarlo a espacios donde haya este tipo de intereses sociales, culturales, universidades, escuelas. No sólo en las salas, en los medios, sino también en espacios paralelos.
Por Andrea Villa
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