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13-01-2009
“Paisaje en la niebla” de Angelopoulos: la realidad es una gran demoledora de los sueños
obras sempiternas, por Ariel Luque

Foto Nota


Sempiterno: Proviene de la raíz latina semper (eterno) en la segunda declinación flexiva, y caso dominativo: sempiternus, a, um. (Fuente: Etimologías de chile)

 

 

"La poesía nace del dolor. La alegría es un fin en sí misma"

Jorge Luis Borges

 

En esta séptima entrega no centraré en el gran director griego Theo Angelopoulos (El paso suspendido de la cigüeña, La mirada de Ulises, La eternidad y un día, etc). Angelopoulos es uno de los grandes poetas del cine, sus obras dotan de hemisferios poéticos y metafóricos que muy pocos directores han logrado alcanzar hasta el día de hoy. Su realidad vista desde el dolor y la poesía, es un claro augurio de su gran talento como director y como poeta. Francois Truffaut dijo "El que ama el cine, ama la vida" y Angelopoulos es uno de los grandes amantes. Sus historias se centran en personajes profundos en busca de algo. Detrás de las elegías que sus personajes padecen, siempre hay algo en la vida que resulta ser un gran tesoro, para algunos puede resultar algo cotidiano o sin peso emocional, pero para un poeta o un niño "un árbol" es señal de vida, de sueños, de poesía y puede resultar un gran tesoro luego de vivir una desbastadora realidad. Digo un árbol porque es lo que sucede en la última escena de "Paisaje en la niebla" (Topio stin omichli - 1988) el cuál resultó ganador en el año 1989 del Premio Felix del cine Europeo a Mejor Película (entre otros premios) en esa misma terna también estaba la ganadora del Oscar "Nuovo cinema Paradiso" del italiano Giuseppe Tornatore que solamente se llevó el palmar a mejor actor a Philippe Noiret. Dos filmes totalmente diferentes, la de Tornatore es una historia dolorosa y poética pero la del gran Angelopoulos es una "realidad" dolorosa y poética. Un premio totalmente merecido para una película que resulta ser una obra maestra y que se centra en mostrar un viaje hacia el fin de la inocencia y en búsqueda de un sueño. Narra la historia de dos niños griegos, Voula y Alexandros, que inician un viaje en búsqueda del paradero de su padre y con destino a Alemania. En este largo viaje, cruzando fronteras por medio de trenes y haciendo dedo, ambos conocen - pero principalmente la hermana mayor - el bien y el mal, la alegría y el dolor, la verdad y la mentira, el amor y la muerte, el silencio y el verbo.

 

Este viaje que inician los dos hermanos desde el comienzo se manifiesta como algo utópico, pero ellos no dejan de luchar por tomar el tren que los lleve a Alemania. En la primer escena se los ve esperando el momento justo y el coraje justo, para subirse al tren, pero no lo logran. Ambos regresan a su casa y esa misma noche Alexandros - el menor de los dos - le pide a su hermana Voula que le relate el cuento de ellos dos. Y ella comienza a contar: "En el comienzo era el caos y después se hizo la luz. Y la luz se separa de las tinieblas y la tierra del mar. Y se formaron los ríos, los lagos y las montañas y después...la flor, y los árboles, los animales y los pájaros..." Interrumpidos por la madre de ambos, Alexandros cierra diciendo que es un cuento que nunca van a poder terminar de contar, y así es, porque nunca lo terminan cerrando. Al otro día vuelven a tratar de subir al tren lográndolo, allí ellos abrazados por la felicidad de ir en búsqueda de su padre - al que no conocen - inician este viaje hacia el fin de la inocencia. Este viaje resulta un rápido aprendizaje en el cuál conocen, nada más y nada menos, que la cruda y dolorosa realidad. Pero la que más lo sufre es Voula, la mayor, ella se enamora por primera vez y sufre al no ser correspondido, tiene su despertar sexual pero por medio de una violación, ella tiene que cuidar de su hermano menor, ambos viajan bajo lluvia y tormentas, ambos colisionan con la muerte por primera vez, ven la tristeza y el caos del mundo...pero en ningún momento se regodean en él, ellos siguen sin importarles nada, sólo su sueño de llegar a Alemania y encontrar su padre. Voula mientras viajan en tren le habla a su padre internamente como si fuera la voz de su conciencia, y le cuenta sobre sus ganas de conocerlo, su necesidad, sus secretos y sobre lo que va sintiendo a lo largo de esta elegía.

Hay escena claves y otras que ya son un sello en el cine de este maestro, entre ellas la aparición de personajes que son músicos, que aparecen de la nada y tocan. En este caso es un violinista que toca la solemne banda sonora del film apareciendo de la nada en un restaurante en dónde Alexandros esta trabajando para poder costear un sandwich. Luego la extrañeza es algo muy recurrente, en un momento comienza a nevar y todo el mundo que anonadado e inmóvil viendo caer la nieve, como si fuera la primera vez en verla. Las escenas fuertes y dolorosas se combinan con otras casi surrealistas, pero todo transcurre como si nada pasara; no hay explosiones melodramáticas, pero sí mucho silencio y un tempo lento que junto con la niebla nos va envolviendo en ese transcurrir frío y distanciado. Hay una escena de gran emotividad que es cuándo se cruza por su camino un caballo agonizando que es arrastrado por una camioneta. Este se suelta y queda en la calle cerca de Alexandros y Voula, ellos lo ven agonizar y luego fallecer...Alexandros no deja de llorar por lo acontecido, mientras en sus espaldas se festeja un casamiento. Esta gran contraposición de emociones es una clara exhibición de como el mundo ha perdido esa inocencia que tanto estos niños tienen y que pierden al vivir en él.

 

Los niños están presentes muchas veces en el cine de Angelopoulos como símbolos de semillas vivas que tienen que germinar en un mundo difícil, oscuro e incierto. Hay una hermosísima escena que da adelanto del final y le da un significado dentro del film al titulo del mismo. Un joven actor que ellos conocen en el viaje - quién resulta ser de quién se enamora Voula - es que quién tras encontrar una tira de celuloide en la basura, les hace ver el paisaje detrás de la niebla en sus fotogramas. Una escena realmente significativa en el final y en el mensaje de esa ultima y sublime escena del film. Los escenarios son lúgubres, fríos y nebulosos, donde los elementos naturales son los encargados de crear estos ambientes. La cámara se mueve como la mano de un poeta que escribe y la lectura simbólica no es un guiño para iniciados sino una profunda, bella, introspectiva reflexión sobre la condición humana a través de largos minuciosos planos secuencias. "El paisaje en la niebla" es una crónica plena del fado de la niñez camino a la edad adulta, pero también como reproducción de la inalcanzable felicidad prometida por una Europa tan solo presentida a quienes quedaron huérfanos de su propia y envidiable civilización helenística. La sensación de derrota, fracaso y soledad de los distintos personajes se acentúan con el paisaje, que adquiere aquí toda su real dimensión ideológica, mostrando plantas e instalaciones industriales totalmente en ruinas, pero no los restos arqueológicos de la cultura griega, sino las mismas ruinas de la modernidad. En la fascinante escena en la que un helicóptero saca la mano de un escultura griega que salió a flote en el mar, Angelopoulos nos coloca frente a nuestro ojos la clara idea del intento de desbastación que causo la modernidad, pero que pese a eso, sigue saliendo a flote la raíz de la cultura occidental y en mucho mejor estado que el de los paisajes industriales y la modernización que nos expone a lo largo del todo el film.

 

Angelopoulos logra todo esto de una manera - como siempre - magistral, ingresándonos y haciéndonos partícipes del viaje de estos niños inocentes en un mundo completamente desangelado y desbastado por la modernidad. Somos sus ojos y sus guardianes, tanto nos hace comprometer con ellos que cuándo estos sufren, nosotros como espectador lo hacemos al sentir un punzante sentimiento de impotencia. En el cine de este maestro griego la música es una parte existencial de sus poesías, esta se acopla a la historia logrando una majestuosa armonía. En este caso la banda sonora - a cargo de Eleni Karaindrou, quién resulta ser su compositor por excelencia de todos sus filmes - logra fusionar dentro de ella la ternura e inocencia de notas suaves y melancólicas con la notas de la latente perversión que emanan los tensos violines que cada tanto interrumpen la dulce melodía. "Existe el cine de prosa y de poesía. Yo me ubico en la poesía" según palabras de Theo Angelopoulos. Cada film que nace de este nombre, es garantía de un sublime deleite poético, es una oda a la vida. Es admirable cómo el minimalismo de este director puede apelar a nuestros más profundos sentimientos, dejándonos una huella perdurable en el tiempo. Theo Angelopoulos tiene el impresionismo minucioso de un pintor, amalgamado con la profundidad suntuosa de los grandes poetas.

 

 

Por Ariel Luque

Para Cinevivo

 

 

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